• Inicio
  • Blog
  • Reedición 2026, la actualización que me debía

Reedición 2026, la actualización que me debía

Después de reconstruirme por dentro, me di cuenta de que me había quedado una pata suelta, mi cuerpo. Y así me permito este cierre de año, más honesto, más simple… y con la consciencia de que este envase también necesita cuidado y amor.

Reedición 2026, la actualización que me debía

Desde la enfermedad es tanto lo que agradezco.

Agradezco la salud, agradezco que la vida me ayudó a conectar con mi propósito más profundo, que me ayudó a encontrarme y conocerme desde otro lugar.

La enfermedad me dio fuerza, me dio resiliencia, pero sobre todo me dio valor. Esa sensación de “Si pude con esto, puedo con todo”. Y es que vivir, y animarte es mucho más fácil cuando tenés esa convicción dentro.

Fue así que empecé a cambiar el rumbo de lo conocido. Trabajar en relación de dependencia ya no se sentía cómodo, desgastar mi energía en cualquier lugar tampoco. Porque este proceso me había dejado algo en claro: “Si esto me había pasado, definitivamente tenía un sentido”,  y yo sabía, con una certeza absoluta, que quería acompañar a la gente a transitar sus procesos de la mejor manera posible. Yo había encontrado algo tan positivo en esta enfermedad, que quería que todos lo que tuvieran que transitar algo feo, pudieran usarlo a su favor, y hasta vivirlo con alegría.

Pero en todo este crecimiento me quedó una pata suelta. Le fui a fondo a lo emocional, me permití transitar cuánta terapia encontré. Me permití ver más allá, encontrar dolores ocultos, lealtades agarradas con uñas y dientes que no querían soltarse, traumas callados, y podría seguir, porque era tanto lo que había ido tapando para encajar, que hubo que contratar un volquete para ir sacando todo.  

También me metí de lleno en lo mental. Porque todo eso que tanto me había ayudado a mí, lo comencé a aprender para tener más herramientas para acompañar a otros. Porque a esta niña sobre adaptada que todo lo tiene que hacer perfecto, nunca le alcanzaban los títulos ni las formaciones y aun así, el síndrome del impostor, siempre era el primero en hacerse presente cuando me presentaba.

Pero en todo este camino, una pata había quedado suelta. La del cuerpo. El cuerpo estaba excusado, había batallado y pasado por tanto que no le íbamos a pedir nada más. Él se bancó las cirugías, los estudios, los pinchazos, las quimio (¡y esas sí que le costaron!). El batalló, casi sin defensas, para no enfermarse nunca en todo el proceso, ni una fiebrecita. Entonces, ¿Qué más le podríamos pedir? ¿Encima estar bello, delgado y atractivo? No, eso definitivamente era demasiado, y así me fui perdiendo. Con algún intento frustrado de volver a entrenar y a comer saludable en el medio, y casi con la convicción de que no lo merecía. (Porque si, la niña sobre adaptada y no merecedora es la que aparece en estos momentos)

Llegando al cierre de este año, me di cuenta que no estaba alineada, que no estaba siendo coherente:

-Plano emocional Check

-Plano intelectual Check

-Plano físico…. ¡A marzo! ¡Previa! (¿Todavía están vigentes las materias a marzo?)

Y fue así que decidí darle de lleno al cuerpo, ya sin excusas. Basta de constelaciones, de bio, y de tanto espiritual, esta “Cuerpa de Dios” (o de DIOSA mejor dicho) necesita un sacudón, un shock, necesita todo el amor que fue quedando de lado por una falsa creencia. Entender que la compasión no es amor, que la lástima no es amor. Y que a veces el mejor acto de amor incondicional que podemos tener por nosotros mismos es la disciplina y el orden.

Y así fue que decidí afrontar esta etapa llegando a fin de año. Para cerrarlo en el mayor equilibrio y coherencia posibles.

Etapa de vaciarme para encontrarme, para saber quién soy por dentro, en lo físico también. “Hacer lugar” fue un gran tema este año. Hacer lugar para la ropa sacando y vendiendo todo lo que ya no me representa. Hacer lugar para ordenar mejor mi casa sacando lo que no uso y dando orden a lo que queda. Hacer lugar alejándome de vínculos con lo que no me sentía en armonía. Y hacer lugar hoy, desde lo físico también, lugar interno, vaciarme. Para en ese vacío volver a encontrarme, a reconocerme y a decidir conscientemente el rumbo.

Así, a poco más de un mes de cerrar el año, empecé a reeditarme.

Edición 2026 en proceso….

 


Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Sol Guzman
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X